lunes, 30 de enero de 2017

Skins la novela: Capitulo 1

Escuchar esta canción antes de leer: https://www.youtube.com/watch?v=K9VhR_MmvPg
Autora: Ali Cronin


AGOSTO
Semana Uno
Effy
Sábado 1 de agosto
Venecia

Así que ha elegido Venecia. Y entiendo el porqué. Es como un castillo de Disney enorme, pero de algún modo mucho más irreal. Y está bastante lejos de Bristol, y de papá y toda esa mierda. Bien jugado, madre. Cualquier sitio que ponga suficiente distancia entre mí misma y el resto del mundo está bien. JJ y Cook y Freddie. Los tres jodidos mosqueteros.
Había empezado algo con lo que no podía continuar. Y además estamos rodeadas de agua -es como un foso gigante, guardando las distancias con el enemigo. Mamá y yo hemos escapado.
Hemos alquilado un pequeño apartamento lejos del centro y los turistas. Los dueños se han ido fuera de la ciudad todo el verano. Está en un edificio con cuatro fachadas que tiene un patio enorme en el centro. Impresionante. Realmente pintoresco. Incluso las paredes lisas paredes de color rosa, que me recuerdan a un batido de fresa. También tiene un balcón de metal azul oxidado. Desde él puedes ver sin ser visto.

Mi habitación, sin embargo, es un jodido circo. Barbie por todos lados, una cama unipersonal, un cuadro cutre de Jesús y María coronando el ambiente virginal. Naomi y Cook se descojonarían si pudieran verme ahora mismo, pensé mientras volcaba mi maleta sobre la cama y observaba a mi alrededor. No hay ordenador. A las pocas horas de estar aquí ya he encontrado un cibercafé para mantenerme en contacto. Si quiero.
Mamá se ha deprimido nada más llegar aquí. Vale, todo está gris y llueve a cántaros, y hay mucha humedad y el aire apesta, pero por Dios, lo único que hace últimamente es pensar en sí misma. Sus jodidos problemas. Que ella misma se buscó, por cierto. Quizá yo debería haber sido más compasiva, teniendo en cuenta todas las movidas que he montado estos últimos meses, pero tampoco es que mamá se haya dado cuenta, o al menos no ha dado señales de que le importe.
¿Y yo qué? 
-¿Qué pasa contigo? pregunté. 
-Nada. No sé -dijo ella, cansada-. Es que esto no es exactamente lo que esperaba…… ¿Crees que ha sido un error venir aquí? 
-Puede. -Cerré los ojos, irritada.
Haz un esfuerzo, Effy. Sabes lo que es pasarlas putas.
Abrí las persianas hasta arriba. Había dejado de llover. La brillante luz del sol me hacía parpadear mucho. Y sonreír.
 -¿Ves? -me giré hacia mi madre-. Transformado.
Una sonrisa debilucha, patética. 
-Sí- La verdad es que ayuda. -Sacó su paquete de cigarrillos del bolso y se encendió uno- Bueno, ¿qué hacemos ahora? 
-Yo voy a darme una ducha –dije-. Y luego me voy a explorar por ahí. Y a encontrar un cibercafé. 
-Ah, espera. -Me dio un sobre de color café-. Esto es de parte de tu padre.
Rasgué el borde para abrirlo. Conté cinco billetes de cien euros. 
-Dinero para gastar -dijo mamá-. Debería ser suficiente. Si necesitas más, pídemelo. 
-Vale, gracias -dije, desagradecida.
Va a hacer falta algo más que asqueroso dinero. 
-Bueno –suspiró-. Creo que arreglaré este sitio para hacerlo más acogedor.
¿Acogedor? Lo que sea, si le hace ilusión.
Nada más salir de allí me encendí un cigarro, saqué mi teléfono y lo conecté, esperé a que llegara la cobertura y borré el mensaje de texto que me informaba de mi compañía de teléfono italiana. Diez minutos más tarde un mensaje de Pandora. No sé qué acerca de Thomas y su madre. Que le mande fotos. Sí, Panda.
Ya era media tarde y el ambiente era tranquilo. En la esquina de la calle, unos viejos jugaban al dominó sentados a la mesa de una cafetería; un chucho sarnoso olfateaba alrededor de sus pies. Una mujer, de aspecto exhausto, vestida con un delantal largo, fregaba las escaleras del edificio de enfrente. Paró un momento para descansar y me vio. Me escudriñó de arriba abajo en señal de desaprobación, o quizás envidia. Su vida era así cada día: friega, friega, limpia y limpia. Volvió a meter la fregona en el cubo y continuó.
Me encendí otro cigarro y me dirigí hacia un edificio bajo justo frente al nuestro. Me senté ahí a fumar, mirando a la gente pasar. Observándola. Tres chicos, quizá de mi edad, giraron la esquina de la calle. Uno de ellos, el más alto con sombrero, se parecía a Freddie. Guapísimo. Un poquito creído. Su mirada se topó conmigo.

 -Signorina….Ciao……Ciao. -Silbó. Los otros dos que iban con él empezaron a hacer el mono, silbando y gritando cosas que yo no entendía, y acercándose a mí poco a poco. 
-¿Sabes lo que significa “que te follen”? -le pregunté al alto una vez se hubieron calmado un poco
-. Que. Te. Follen. -¡Ooooh! Inglese. -Se empezó a acercar más-. Muy bien. ¿Está de vacación? 
-Quoi? -hice un aro perfecto con el humo de mi cigarro.
Los tres empezaron a partirse el culo. Yo me puse a tararear dentro de mi cabeza y estiré las piernas. Me ardían los pies, hacía muchísimo calor. Mis piernas estaban desnudas. Las miré, y luego levante la vista hacia los chicos. Habían dejado de reírse. Había silencio. Mi respiración comenzó a agitarse, pero no pensaba dejarles oler mi miedo. Apagué mi cigarrillo justo frente a mí y nos quedamos mirándonos mutuamente.
-Bueno -dije de repente-. En cuanto os queráis ir a tomar por culo, por mí bien.
-¿Perdona? -contestó el más alto-. Solo estamos siendo amigables. Quizá te darán por culo a ti -se giró y miró a sus amigos-. Estás vestida como una zorra. Una pu-ta zorra.
Quería vomitar. Encima de ellos. Quería a mi padre, a mi madre. A Freddie.
Había empezado algo que no podía acabar. 
-Eh, che fate?! -gritó una voz. Un tío mayor que nosotros vino hacia mí con pintas de pijo. Traje camiseta. Extravagantes zapatos italianos. Miró con odio a los tres idiotas y escupió un chorro de italiano cabreado.
El más alto dio un brinco y aulló como un lobo. Sonreí, satisfecha. Cook. Igualito que Cook. Los otros dos lo imitaron y luego salieron corriendo con él. 
-Ciao bella -dijo uno groseramente mientras corrían-. ¡Zorra inglesa! -Y ya habían dado la vuelta a la esquina. Ya se habían ido.
Lo cual me dejó sola con el jodido George Clooney. 
-Sta bene? –preguntó-. ¿Estás bien? Sacudió la cabeza-. No hagas caso a esos chicos. 
-No lo hacía -dije sin sonreír-. Pero gracias.
Me levanté, ya sin ganas de seguir explorando, y entré en nuestro edificio. –
Ah, ¿vives aquí? -Dijo-. Yo también. -Extendió el brazo-. Mi nombre es Alfredo, pero mis amigos me llaman Aldo.
No estreché su mano. 
-Effy.
Sonreímos incómodamente. 
-No deberías fumar -dijo, observando el paquete de cigarrillos que llevaba en la mano-. Es muy malo para la piel. 
-Gracias por el consejo-dije educadamente y le ofrecí mi sonrisa más encantadora-. Lo tendré presente.
Atravesó el umbral de la pesada puerta de madera y la mantuvo abierta para mí. Nos quedamos de pie en el vestíbulo, que olía a humedad, como una cueva. Observé los antiguos buzones que los inquilinos tenían ahí abajo. Me gustaría tener un buzón, pensé. Me gustaría meterme en él y esconderme ahí para siempre. 
-Bueno-dijo Aldo. Empezó a subir la escalera de piedra y se medió giró hacia mí-. ¿Estás aquí con tus padres?
-Con mi madre –dije-. Pasaremos aquí un mes. 
-Ah, ¿así que habéis alquilado el apartamento de los Tropea? ¡Entonces quizá deberíamos tomarnos una grappa juntos! 
-¿Grappa?
-Un licor italiano, Effy. Te quema el alma. A pesar de que no quería, sonreí.

-Tu inglés es bastante bueno. 
-Gracias. Pasé un año estudiando en Londres. He esperado mucho tiempo a que alguien me dijera eso. La verdad es que no lo practico demasiados estos días.
Alcanzamos el rellano del segundo tramo de escaleras, y Aldo rebuscó en su bolsillo trasero. 
-Maldita sea –dijo-. He olvidado mis llaves en casa de mi madre. -Se frotó la frente-. Estoy encerrado fuera de mi piso. 
-Vale -me mordí el labio y pensé-. ¿Tienes tu cartera aquí? 
-Sí, pero….
-Necesito una tarjeta de crédito, es todo. -Me fijé en su cara de confusión-. Para abrir el cerrojo. Se me quedó mirando, al principio sin pillarlo, y luego sonrió de manera jodidamente espectacular.
La verdad es que no estaba mal. No me había dado cuenta antes.
-Qué chica tan lista. Pero ¿cómo, y lo más importante, por qué aprendiste a hacer esto? 
-¿Porque se me ocurrió que resulta bastante útil saber hacerlo? -dije, sin levantar la vista de su puerta intencionadamente. -He aquí la prueba -dijo Aldo, pasándome su cartera.
Ignoré las muchas tarjetas de crédito que me ofertaba, incluyendo una Amex platino, y escogí una tarjetita fina y bastante endeble. Sería una tarjeta de miembro o algo así. Me arrodillé en el suelo metí la tarjeta hasta el fondo en el hueco del cerrojo, la moví para que tocara el cierre del pomo, la doblé hacia el otro lado y la clavé oblicuamente a la puerta. Hecho. Me levanté y me froté las rodillas con las manos. 
-Muchas gracias por tu ayuda –dijo-. ¿Quieres pasar a tomar algo? 
-No –repliqué-. Gracias.
¿Por qué dije eso? Porque mi respuesta por defecto es No. Esperé a que insistiera, pero no lo hizo. 
-Bueno, Effy -dijo, y me tomó la mano. La suya estaba caliente y seca, no pegajosa. Grande, fuerte-. Estoy en deuda contigo.
Nos sonreímos mutuamente.
Mantente ahí, pensé. No te vayas. Tomé un mechón de mi pelo entre los dedos y lo acaricié lentamente. Una vez leí en una revista que los hombres odian que las mujeres jueguen con su pelo. Una puta mierda. 
-Bueno. Nos vemos -dije lentamente-. Otro día.
Sin esperar a que él hablara, seguí caminando hacia nuestro apartamento, siguiendo una coordinación cuidadosa. Cuando llegué a nuestro piso miré hacia abajo.
Pero él ya no estaba. 

Especial 10 años de Skins 💐





2 comentarios:

  1. Me gustó, escribís muy bien. Seguí asi, en serio!

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    1. Hola, gracias por comentar! ya quisiera escribir tan bien, pero no lo escribo yo, es un pdf, de una serie, la autora es Ali Cronin :). -Saludos *o*

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¡Gracias por pasarte por aquí! Si deseas puedes dejar tu opinión en un comentario, respetando a los demás y no generando controversia, cada uno tiene su opinión.
Antes de irte, te invito a que te puedes pasar por las demás entradas, hay diferentes opciones, que te pueden entretener, si te gusta los diversos post, no olvides seguir el blog :).
Una de las formas más sinceras de respeto es escuchar lo que otros tienen que decir.-Bryant H. McGill.

lunes, 30 de enero de 2017

Skins la novela: Capitulo 1

Escuchar esta canción antes de leer: https://www.youtube.com/watch?v=K9VhR_MmvPg
Autora: Ali Cronin


AGOSTO
Semana Uno
Effy
Sábado 1 de agosto
Venecia

Así que ha elegido Venecia. Y entiendo el porqué. Es como un castillo de Disney enorme, pero de algún modo mucho más irreal. Y está bastante lejos de Bristol, y de papá y toda esa mierda. Bien jugado, madre. Cualquier sitio que ponga suficiente distancia entre mí misma y el resto del mundo está bien. JJ y Cook y Freddie. Los tres jodidos mosqueteros.
Había empezado algo con lo que no podía continuar. Y además estamos rodeadas de agua -es como un foso gigante, guardando las distancias con el enemigo. Mamá y yo hemos escapado.
Hemos alquilado un pequeño apartamento lejos del centro y los turistas. Los dueños se han ido fuera de la ciudad todo el verano. Está en un edificio con cuatro fachadas que tiene un patio enorme en el centro. Impresionante. Realmente pintoresco. Incluso las paredes lisas paredes de color rosa, que me recuerdan a un batido de fresa. También tiene un balcón de metal azul oxidado. Desde él puedes ver sin ser visto.

Mi habitación, sin embargo, es un jodido circo. Barbie por todos lados, una cama unipersonal, un cuadro cutre de Jesús y María coronando el ambiente virginal. Naomi y Cook se descojonarían si pudieran verme ahora mismo, pensé mientras volcaba mi maleta sobre la cama y observaba a mi alrededor. No hay ordenador. A las pocas horas de estar aquí ya he encontrado un cibercafé para mantenerme en contacto. Si quiero.
Mamá se ha deprimido nada más llegar aquí. Vale, todo está gris y llueve a cántaros, y hay mucha humedad y el aire apesta, pero por Dios, lo único que hace últimamente es pensar en sí misma. Sus jodidos problemas. Que ella misma se buscó, por cierto. Quizá yo debería haber sido más compasiva, teniendo en cuenta todas las movidas que he montado estos últimos meses, pero tampoco es que mamá se haya dado cuenta, o al menos no ha dado señales de que le importe.
¿Y yo qué? 
-¿Qué pasa contigo? pregunté. 
-Nada. No sé -dijo ella, cansada-. Es que esto no es exactamente lo que esperaba…… ¿Crees que ha sido un error venir aquí? 
-Puede. -Cerré los ojos, irritada.
Haz un esfuerzo, Effy. Sabes lo que es pasarlas putas.
Abrí las persianas hasta arriba. Había dejado de llover. La brillante luz del sol me hacía parpadear mucho. Y sonreír.
 -¿Ves? -me giré hacia mi madre-. Transformado.
Una sonrisa debilucha, patética. 
-Sí- La verdad es que ayuda. -Sacó su paquete de cigarrillos del bolso y se encendió uno- Bueno, ¿qué hacemos ahora? 
-Yo voy a darme una ducha –dije-. Y luego me voy a explorar por ahí. Y a encontrar un cibercafé. 
-Ah, espera. -Me dio un sobre de color café-. Esto es de parte de tu padre.
Rasgué el borde para abrirlo. Conté cinco billetes de cien euros. 
-Dinero para gastar -dijo mamá-. Debería ser suficiente. Si necesitas más, pídemelo. 
-Vale, gracias -dije, desagradecida.
Va a hacer falta algo más que asqueroso dinero. 
-Bueno –suspiró-. Creo que arreglaré este sitio para hacerlo más acogedor.
¿Acogedor? Lo que sea, si le hace ilusión.
Nada más salir de allí me encendí un cigarro, saqué mi teléfono y lo conecté, esperé a que llegara la cobertura y borré el mensaje de texto que me informaba de mi compañía de teléfono italiana. Diez minutos más tarde un mensaje de Pandora. No sé qué acerca de Thomas y su madre. Que le mande fotos. Sí, Panda.
Ya era media tarde y el ambiente era tranquilo. En la esquina de la calle, unos viejos jugaban al dominó sentados a la mesa de una cafetería; un chucho sarnoso olfateaba alrededor de sus pies. Una mujer, de aspecto exhausto, vestida con un delantal largo, fregaba las escaleras del edificio de enfrente. Paró un momento para descansar y me vio. Me escudriñó de arriba abajo en señal de desaprobación, o quizás envidia. Su vida era así cada día: friega, friega, limpia y limpia. Volvió a meter la fregona en el cubo y continuó.
Me encendí otro cigarro y me dirigí hacia un edificio bajo justo frente al nuestro. Me senté ahí a fumar, mirando a la gente pasar. Observándola. Tres chicos, quizá de mi edad, giraron la esquina de la calle. Uno de ellos, el más alto con sombrero, se parecía a Freddie. Guapísimo. Un poquito creído. Su mirada se topó conmigo.

 -Signorina….Ciao……Ciao. -Silbó. Los otros dos que iban con él empezaron a hacer el mono, silbando y gritando cosas que yo no entendía, y acercándose a mí poco a poco. 
-¿Sabes lo que significa “que te follen”? -le pregunté al alto una vez se hubieron calmado un poco
-. Que. Te. Follen. -¡Ooooh! Inglese. -Se empezó a acercar más-. Muy bien. ¿Está de vacación? 
-Quoi? -hice un aro perfecto con el humo de mi cigarro.
Los tres empezaron a partirse el culo. Yo me puse a tararear dentro de mi cabeza y estiré las piernas. Me ardían los pies, hacía muchísimo calor. Mis piernas estaban desnudas. Las miré, y luego levante la vista hacia los chicos. Habían dejado de reírse. Había silencio. Mi respiración comenzó a agitarse, pero no pensaba dejarles oler mi miedo. Apagué mi cigarrillo justo frente a mí y nos quedamos mirándonos mutuamente.
-Bueno -dije de repente-. En cuanto os queráis ir a tomar por culo, por mí bien.
-¿Perdona? -contestó el más alto-. Solo estamos siendo amigables. Quizá te darán por culo a ti -se giró y miró a sus amigos-. Estás vestida como una zorra. Una pu-ta zorra.
Quería vomitar. Encima de ellos. Quería a mi padre, a mi madre. A Freddie.
Había empezado algo que no podía acabar. 
-Eh, che fate?! -gritó una voz. Un tío mayor que nosotros vino hacia mí con pintas de pijo. Traje camiseta. Extravagantes zapatos italianos. Miró con odio a los tres idiotas y escupió un chorro de italiano cabreado.
El más alto dio un brinco y aulló como un lobo. Sonreí, satisfecha. Cook. Igualito que Cook. Los otros dos lo imitaron y luego salieron corriendo con él. 
-Ciao bella -dijo uno groseramente mientras corrían-. ¡Zorra inglesa! -Y ya habían dado la vuelta a la esquina. Ya se habían ido.
Lo cual me dejó sola con el jodido George Clooney. 
-Sta bene? –preguntó-. ¿Estás bien? Sacudió la cabeza-. No hagas caso a esos chicos. 
-No lo hacía -dije sin sonreír-. Pero gracias.
Me levanté, ya sin ganas de seguir explorando, y entré en nuestro edificio. –
Ah, ¿vives aquí? -Dijo-. Yo también. -Extendió el brazo-. Mi nombre es Alfredo, pero mis amigos me llaman Aldo.
No estreché su mano. 
-Effy.
Sonreímos incómodamente. 
-No deberías fumar -dijo, observando el paquete de cigarrillos que llevaba en la mano-. Es muy malo para la piel. 
-Gracias por el consejo-dije educadamente y le ofrecí mi sonrisa más encantadora-. Lo tendré presente.
Atravesó el umbral de la pesada puerta de madera y la mantuvo abierta para mí. Nos quedamos de pie en el vestíbulo, que olía a humedad, como una cueva. Observé los antiguos buzones que los inquilinos tenían ahí abajo. Me gustaría tener un buzón, pensé. Me gustaría meterme en él y esconderme ahí para siempre. 
-Bueno-dijo Aldo. Empezó a subir la escalera de piedra y se medió giró hacia mí-. ¿Estás aquí con tus padres?
-Con mi madre –dije-. Pasaremos aquí un mes. 
-Ah, ¿así que habéis alquilado el apartamento de los Tropea? ¡Entonces quizá deberíamos tomarnos una grappa juntos! 
-¿Grappa?
-Un licor italiano, Effy. Te quema el alma. A pesar de que no quería, sonreí.

-Tu inglés es bastante bueno. 
-Gracias. Pasé un año estudiando en Londres. He esperado mucho tiempo a que alguien me dijera eso. La verdad es que no lo practico demasiados estos días.
Alcanzamos el rellano del segundo tramo de escaleras, y Aldo rebuscó en su bolsillo trasero. 
-Maldita sea –dijo-. He olvidado mis llaves en casa de mi madre. -Se frotó la frente-. Estoy encerrado fuera de mi piso. 
-Vale -me mordí el labio y pensé-. ¿Tienes tu cartera aquí? 
-Sí, pero….
-Necesito una tarjeta de crédito, es todo. -Me fijé en su cara de confusión-. Para abrir el cerrojo. Se me quedó mirando, al principio sin pillarlo, y luego sonrió de manera jodidamente espectacular.
La verdad es que no estaba mal. No me había dado cuenta antes.
-Qué chica tan lista. Pero ¿cómo, y lo más importante, por qué aprendiste a hacer esto? 
-¿Porque se me ocurrió que resulta bastante útil saber hacerlo? -dije, sin levantar la vista de su puerta intencionadamente. -He aquí la prueba -dijo Aldo, pasándome su cartera.
Ignoré las muchas tarjetas de crédito que me ofertaba, incluyendo una Amex platino, y escogí una tarjetita fina y bastante endeble. Sería una tarjeta de miembro o algo así. Me arrodillé en el suelo metí la tarjeta hasta el fondo en el hueco del cerrojo, la moví para que tocara el cierre del pomo, la doblé hacia el otro lado y la clavé oblicuamente a la puerta. Hecho. Me levanté y me froté las rodillas con las manos. 
-Muchas gracias por tu ayuda –dijo-. ¿Quieres pasar a tomar algo? 
-No –repliqué-. Gracias.
¿Por qué dije eso? Porque mi respuesta por defecto es No. Esperé a que insistiera, pero no lo hizo. 
-Bueno, Effy -dijo, y me tomó la mano. La suya estaba caliente y seca, no pegajosa. Grande, fuerte-. Estoy en deuda contigo.
Nos sonreímos mutuamente.
Mantente ahí, pensé. No te vayas. Tomé un mechón de mi pelo entre los dedos y lo acaricié lentamente. Una vez leí en una revista que los hombres odian que las mujeres jueguen con su pelo. Una puta mierda. 
-Bueno. Nos vemos -dije lentamente-. Otro día.
Sin esperar a que él hablara, seguí caminando hacia nuestro apartamento, siguiendo una coordinación cuidadosa. Cuando llegué a nuestro piso miré hacia abajo.
Pero él ya no estaba. 

Especial 10 años de Skins 💐





2 comentarios:

  1. Me gustó, escribís muy bien. Seguí asi, en serio!

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    1. Hola, gracias por comentar! ya quisiera escribir tan bien, pero no lo escribo yo, es un pdf, de una serie, la autora es Ali Cronin :). -Saludos *o*

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¡Gracias por pasarte por aquí! Si deseas puedes dejar tu opinión en un comentario, respetando a los demás y no generando controversia, cada uno tiene su opinión.
Antes de irte, te invito a que te puedes pasar por las demás entradas, hay diferentes opciones, que te pueden entretener, si te gusta los diversos post, no olvides seguir el blog :).
Una de las formas más sinceras de respeto es escuchar lo que otros tienen que decir.-Bryant H. McGill.